Durante Unas Vacaciones De Verano Mi familia disfruta del sexo incestuoso y yo tambien tuve una experiencia unica en mi vida


Una familia muy bien avenida que disfruta en las vacaciones de verano, del mar, la naturaleza y el sexo en grupo.

El presente relato fue realidad, me ocurrió hace algunos años, y me acuerdo como si fuera hoy mismo.

Mi familia constaba en aquel entonces de mi padre Francisco, de 39 años, mi madre Luisa, de 36, mi hermana Paola, de 17 y yo, Juan de 18. Nuestra posición social era acomodada, buena casa, buen colegio de pago, buen coche y un barco donde pasábamos las vacaciones y fines de semana.

Precisamente en las vacaciones de verano es donde se ubica mi relato; después de haber aprobado mi hermana y yo el curso, y mi padre tomarse sus merecidas vacaciones, nos fuimos toda la familia al sur de la isla a nuestro barco. Nos acomodamos en él con nuestros enseres, y nos preparamos para estar 3 meses de verano en el mar y en las playas de la zona.

Un día decidió mi padre pasar una semana en una de las calas de la isla y hasta allí fuimos, al ser entre semana la cala estaba vacía, no había absolutamente nadie, solamente se accedía a ella por mar y quedaba algo lejos del último puerto náutico, por lo que sólo era para barcos de algunos metros de eslora. Mi padre fondeó el barco y bajamos nuestra caseta de campaña y la montamos. Por la mañana el sol era impresionante e iluminaba todo, daba vida a la cala, tomamos sol y nos bañábamos a ratos. En una de esas mi madre se bañó con mi padre y salieron desnudos del mar, al llegar a nosotros y ver que les mirábamos nos dijeron que estábamos todos mucho mejor desnudos, que se disfruta mucho mejor de la naturaleza. Mi hermana y yo nos desnudamos y nos tumbamos en nuestras toallas.

Mi padre tomó el protector solar y se lo empezó a untar a mi madre por la espalda, pero ella dijo pónselo a los niños que acabarán quemándose. Así fue, se lo puso a mi hermana y luego a mí, primero me lo puso boca arriba y luego me viró y me lo untó en la espalda y el culo, al llegar a él, me lo abrió un poco y me lo acarició con el dedo lleno de crema pero no se detuvo en él, y continúo por las piernas. Al ponérselo a mi madre sí se detuvo en el culo y le abrió las piernas y durante un rato le acarició la rajita, mi hermana no se daba cuenta pero yo los tenía al lado y lo veía todo, por momentos me excitaba.

Le tocó entonces el turno a mi madre, ella sí que le daba un reconfortable masaje a mi padre, empezó por su espalda más tarde se detuvo un buen rato en sus píes, él parecía dormido. Acabada la parte de la espalda le volteó y le masajeó el pecho, mi padre es robusto y había mucha superficie, le extendió toda la crema y luego bajó hasta su pene y lo masajeó suavemente, continuó haciéndolo y el pene se le puso a cien, era chico pero muy grueso, mi padre soltaba algún quejido y ella seguía masajeando suavemente. Yo miraba y me excitaba, en eso mi madre alzó la vista y sonrió:

– Te gusta, ¿eh?, Tu madre sabe hacerlo bien, es la edad. Mi hermana nos escuchó y giró la cabeza hacia nosotros. – Mama ¡¿Qué haces?!

– Tranquila y deja que tu padre disfrute. Esto es lo que hemos hablado nosotras algunas veces Paola, seguro que tu hermano se las hace él solito.

Mi padre al momento soltó un montón de semen, lo soltó de cuatro grandes chorros, algo cayó en el pelo de mi madre, el resto entre la arena y su pecho.

– ¡Madre mía Paco, cómo estabas de cargado!, le dijo mi madre.

Él se levantó se empezó a reír y se fue al agua con ella. Aquella escena me había dejado perplejo, me había excitado, pero el no participar me dejó demasiado caliente y sin descargar. A mi hermana le pasó algo parecido, me comentó lo gorda que papá tenía la picha y que la mía jamás sería así.

Días después de aquello estábamos en la playa, desnudos desde aquel día, y mi padre me dijo que llevara a mi madre a por carbón al barco, así lo hice y cogí el bote a motor y la llevé, la ayudé a subir y desde arriba ella a mí. Empezó a coger cosas de los ropero bajos y me dejó a la vista y casi delante de la cara su raja, con unos enormes labios, sinceramente era maravilloso, cuando ellas se volvió me dijo:

– Pero Juan ¡te has excitado viéndome!, mira qué cosa más rica tienes, ¡eh!, estaba el pene erecto y yo excitado.

– Quieres descargarla ¿verdad ?, después de lo visto. Si quieres te puedes tocar una paja, no te preocupes por mí, hasta me puedes mirar. Yo no respondí estaba quieto, en eso mi madre paró de hacer sus cosas y me dijo:

– Pero ¿qué te pasa, Juan?

– Yo nunca me he masturbado, algunos amigos sí, pero yo no.

– Bueno no te preocupes ya hablaremos de eso, no es problema alguno. Lo dejó y salimos al bote.

Al llegar a la orilla, colocó mi madre las cosas y nos tumbamos todos, luego nos dimos crema, pero mi padre le dijo a mi hermana que la tenía mal puesta y le empezó a masajear por todo el cuerpo, ella estaba boca arriba y con los ojos cerrados, mientras mi padre estaba detenido en su pecho y ella tenía los pezones erguidos, no decía nada, de vez en cuando sacaba la lengua y se mojaba los labios, mi madre se incorporó y acariciaba la espalda de mi padre, y él bajó su mano y acarició el pubis de mi hermana, en eso mi madre dejó de acariciar a mi padre y separó las piernas de mi hermana y le dijo:

– Así gozarás más, relájate.

La raja la tenía toda a la vista por el poco pelo y yo no hacía sino colocarme bien para ver, mi madre se percató y me invitó a que me acercara, me situé con todos ellos y disfruté de lo que veía, era una visión maravillosa, mi hermana gozaba en silencio, mi padre estaba otra vez excitado con todo su pene grueso durísimo y yo estaba igual. Mi madre empezó a acariciarme a mí también, yo no quitaba la vista de la rajita de mi hermana y en un momento mi madre me agarró el pene y empezó a frotármelo. Me estaba masturbando, me comentó:

– ¿Ves lo fácil que es?, así debes hacerlo tú cuando estás solo, a este ritmo, sin prisas. Te gusta tu hermana ¿verdad?.

– Sí, es muy guapa.

En ese momento mi padre se corrió por la paja que le hacía mi madre, y mi hermana seguía gozando cada vez más. Pero en un momento mi madre paró y me dijo:

– Ven, ponte aquí que la vas a hacer gozar tú.

– Ánimo Juan, dijo mi padre y se apartó un poco.

Mi madre me colocó sobre mi hermana y me dijo:

– Ten cuidado, no seas bestia y métela suavecito.

Me situé encima y mi madre me colocó la punta del pene en la rajita de mi hermana, estaba toda mojada, yo empujé y la coloqué en la puerta, seguí empujando y entró un poco, Paola dio un gemido pero no abrió los ojos, empujé y la metí toda así que me moví metiéndola y sacándola pero en menos de dos minutos me corrí, eché toda la leche que tuve almacenada durante 18 años, y me sentí como nunca, genial, me aparté y me quedé boca arriba en la arena. Paola fue la única vez que abrió los ojos y mi madre le comentó:

– Muy rapido tu hermano, ¿verdad Paola?

– ¡Ay, sí, mamá! quiero más, me siento mal así.

Mi padre y mi madre se miraron y mi madre cogió el pene de mi padre y lo masajeó un poco y dijo:

– Tranquila que con esta no te vas a quedar mal.

Mi padre se colocó en mi lugar y mi madre tomó las piernas de Paola y las puso sobre el tórax de mi padre.

– Tranquila Paola, le dijo mi madre. – Mamá eso es muy gordo, no me va a caber. – Relájate y disfruta como lo hago yo, mi amor.

En eso mi madre colocó aquel la cosa en la entrada de la rajita de mi hermana y mi madre con la otra mano aprovechó y le abría un poco la rajita a Paola. Era toda rosadita y estaba muy mojada.

– Empuja un poco Paco, dijo mi madre. – No te preocupes Luisa que le entra, le dolerá algo pero al minuto la haré gozar.

En eso, hace fuerza mi padre y mi hermana grita, veo que la cabeza del pene ya la tiene dentro.

– Mamá me duele, decía Paola, mientras mi madre le frotaba el abdomen. – Tranquila que ya está casi toda, es muy pequeña no te preocupes.

Otro empujón y se la colocó toda dentro, en ese momento mi padre la agarró por las rodillas y empujaba dentro-fuera con mucha velocidad, lo que al cabo de un rato consiguió que Paola gritara de placer, aunque más gritaba él, mi madre sólo decía:

– Dale duro Paco, dale duro que le encanta.

Me parecía increíble que le entrará aquel pene tan grueso me puse con ellos y disfrutaba de la vista. Así estuvo durante varios minutos sin agotarse y luego mi padre me dijo:

-¿ Te gusta, Juan? – Sí, es sorprendente.

En eso la sacó un poco del agujero de mi hermana y me dijo que se la cogiera para que viera lo dura que estaba. La agarré con una mano y se lo comenté:

– Está durísima papá. – Te gusta, ¿eh?, me dijo él. – Claro que le gusta, dijo mi madre mientras mi padre se la metía otra vez a Paola, el otro día no dejaba de mirar mientras te hice la paja, seguro que le hubiese gustado hacértela él. – ¿Que dices Juan? me dijo mi madre. – No sé, yo nunca he visto nada de esto. – Pero si la tienes dura otra vez, me dijo mi madre.

Mi madre me tomó por el brazo y me tendió en una toalla, cogió el bote de crema y se puso un montón en su mano, me lo puso en la espalda y empezó a darme un suave masaje que me relajaba. En eso le dijo a mi padre que no se corriera y que fuera despacio con la niña. Continuó el masaje y me frotaba las nalgas y al momento me estaba acariciando con crema en el agujerito. Lo hacía suavemente, con ternura, lo tocaba y me abría las nalgas, volvía a poner crema y me lo tocaba, luego ponía un dedo en el hoyito y lo metía, lo sacaba y así. Se acercó al oído y me preguntó si me gustaba y le dije que sí, y volvió a la faena. Cuando miró mi padre se había sacado el pene de la rajita de mi hermana y se lo dio para que Paola lo chupara.

Yo seguía disfrutando, cuando noto que el hoyito mío me duele.

– ¡Uy!, ¡Mamá! – Quieto, no te muevas, te estoy metiendo dos deditos, ves ya no te duele tranquilo. Lo tienes más grande de lo que yo pensaba.

Continué mirando cómo Paola se la chupaba a papá, pero en un momento mi padre se levantó y se acercó a mí, se acomodó a mi lado y me puso su pene en mi boca.

– Chúpala despacito Juan, verás qué maravilla. – Así, así es como hay que hacerlo sí.

Yo chupaba sin parar y mi madre seguía dándome placer, entonces se paró y dijo:

– Vamos Paco ya lo tienes preparado.

No sabía a qué se refería, se puso al lado de mi madre y yo de espaldas, me levantaron y me pusieron a cuatro patas y mi padre detrás con todo su pene tieso. Me agarró por la cintura e intentó metérmela, pero no podía, intentaba pero imposible. Yo estaba quieto sin decir nada esperando ver qué sucedía.

– Luisa, pásame la crema. – Déjame, yo te la pongo.

Mi madre le untó todo el pene con mucha crema y él lo volvió a intentar, parecía que podía, al momento me entró todo el pene, dándome sensaciones muy extrañas, pero no sabría decir todavía si me gustaba o no.

– Aquí tienes lo que querías. Vamos muévete tú también, decía él.

Sacudía y sacudía, disfrutaba bastante, era un atleta, no se cansaba en aquella postura, con sus rodillas en la arena clavadas, y cogiéndome por la cintura golpeándome mi culo contra su pubis, hasta que me lo llenó todo de su leche, se vació por completo y se tiró para atrás.

– Ven para que te relajes, me dijo mi madre.

Me tomó el pene y se lo llevó a la boca, no tardé nada en volver a echarlo todo. Quedamos todos rendidos en la arena. Luego nos dimos un baño en la playa todos juntos, y nos reíamos pero no comentamos nada de lo que había pasado.

Disfrutamos el resto de las vacaciones en el barco y la playa, pero no tuvimos ni Paola ni yo más sexo de penetración con mi padre, si es cierto que se la chupé alguna vez y nada más. Con mi madre sí mantuve dos encuentros más con penetración, el resto fue todo oral. Lo que sí hacían mis padres es el amor un par de veces al día, les encantaba no sólo hacerlo sino que les viéramos, pienso yo.

Acabado el verano y los posteriores años no hubo relación sexual entre nosotros, de ningún genero. Hoy por hoy tengo 37 años, soy heterosexual, no he mantenido ninguna relación homosexual jamás aunque muchas veces pienso en silencio lo ocurrido hace ya bastantes años.

Ruego a quien desde el anonimato, chico o chica, le haya ocurrido algo parecido, se ponga en contacto conmigo


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