Como nunca, mi amante tiene 80 años y tengo el mejor sexo de mi vida


Tengo 44 años, separado, con un buen pasar, algunas amigas ocasionales, pero nada serio. Un día, como cualquier otro, ordenando unas cosas, encontré una agenda olvidada de hace varios años, donde trajinándola, encontré que tenía anotado un correo falso que me había creado, para ligar. Recordé esos tiempos mozos, donde follaba cada vez que quería, hacía muchos años que no lo abría. Pensé ya estaría caducada mi cuenta, pero luego de contestar unas preguntas de rigor, pude restablecer mi clave y recuperar la cuenta.

Revisando antiguos correos, me encuentro uno muy especial que decía, “ ¡ Me encantan nuestros fogosos encuentros clandestinos, el de ayer, como siempre fabuloso, te veo en unos cuantos meses más, besos donde tú sabes, Elena”

De inmediato llegó a mi mente esa ardiente mujer, que manera de follar con esta mujer. Cuando conocí a Elena, yo tenía apenas 18 años y ella 55. En ese tiempo yo ya tenía un buen recorrido sexual, pero había algo que era mi fantasía sexual, que era estar con una mujer mayor. Fue ahí donde busqué, a través de internet, por edad con un rango de mujeres que sobrepasaban los 50 años, y la encontré a ella, una mujer madura, 55 años, mas encima casada hace muchos años, con hijos incluso mayores que yo por varios años. En ese entonces, recuerdo muy bien como luego de varios correos, algunas conversaciones por chat candentes, concertamos una cita clandestina sin ningún compromiso, solo sexo, yo para cumplir mi fantasía y ella tener un respiro de su aburrido matrimonio. Siempre en la más absoluta privacidad.

En ese tiempo recién estaban saliendo los celulares, solo teléfonos fijos y que por cuidar su matrimonio, nunca me lo quiso dar, todo el contacto con ella era a través de internet. Recuerdo muy bien que me citó en una calle muy poco transitada, donde ella pasaría a buscarme en su vehículo, de tales y tales características y yo describiéndole como andaría vestido. Nunca nos habíamos visto, era una cita completamente a ciegas, donde yo caballerosamente y para darle confianza, le había propuesto que si yo no le gustaba, que pasara sin detenerse y que se fuera, pero que solo tocara la bocina, para saber que no había sido de su agrado y no seguir esperándola.

Esperándola donde me había citado, viendo los autos pasar, una que otra mujer manejando, hasta que uno de los autos, que ya había pasado, se detiene a mi lado, con el vidrio abajo, era ella. Una hermosa mujer madura, de grandes pechos, de cuerpo perfecto, que era mucho mejor de lo que yo esperaba. Para hacer corto el cuento, nos fuimos de inmediato a un motel, donde cumplí con creces mi fantasía de estar con una mujer mayor, ya que Elena resultó ser una mujer muy fogosa.

De ahí tuvimos muchos encuentros, siempre fogosos, calientes, muy morbosos. Elena era una mujer muy caliente y completamente desinhibida al momento de follar y evidentemente al estar casada hace tantos años con su marido que era mayor que ella, contra mi juventud y mis ganas de follar, todo sin ningún compromiso, solo sexo, teníamos unos encuentros bestiales.

A veces pasaban varios meses sin vernos, pero cada cierto tiempo nos mandábamos un correo por ahí y terminábamos follando como locos, sin ninguna inhibición, sin ningún compromiso, solo sexo morboso y salvaje. A si fue por años, una de mis mejores mujeres en la cama, siempre vía correos electrónicos, sin ningún compromiso pero cada vez con encuentros más alejados. Incluso pasaron unos años sin contactarnos, pero con solo unos intercambios de correo, terminamos nuevamente en un motel. Calculo yo que la última vez que la vi, yo tenía unos 30 años, y ella debe haber andado por los 67 años, ya con nietos según me contó. Yo me iba a casar y por lo mismo fue casi una despedida la que me pegue con ella. Y que despedida, hicimos de todo, como se notaba su desahogo sexual conmigo, como disfrutaba ella nuestros encuentros, bueno yo también, éramos uno para el otro en la cama, todo estaba permitido y no había nada que no hubiésemos hecho.

Me acorde de ella, incluso con cariño. Siempre por años recibí su correo de saludo navideño, me contó cosas de su vida, matrimonio, hijos, yo algunas también por ahí, aparte del sexo, que realmente era fabuloso, se creó una cierta amistad, a pesar de nuestra diferencia de edad.

Habían pasado muchos años desde la última vez que nos juntamos, ya debe estar muy vieja, una abuela seguramente, si es que no había fallecido, a esa edad, uno nunca sabe, ya que de estar viva, tendría unos 80 – 81 años. No salía conectada en el chat, pero de todas formas, le mande un correo saludándola, con pocas esperanzas que me lo fuese a responder, sin embargo al otro día, cuando abro ese correo clandestino, gratamente encuentro uno de ella.

Me saluda con mucho cariño, muy sorprendida de tener noticias mías, preguntándome de mi vida, diciéndome lo mucho que le había gustado recibir noticias de mí, después de tantos y tantos años. Intercambiamos unos cuantos correos, donde le conté que me había casado, luego separado, en lo que trabajaba etc. Ella por su parte, según lo que me contaba, estaba viuda hace años, descansando en su casa, donde vivía con una de sus hijas, su yerno y dos nietas, algunas enfermedades propias de su edad, que casi ya ni salía.

Le pregunté si tenía cámara su pc y me dijo que sí, que hablaba con su hija mayor que estaba en España y con sus nietas, a si que le envié una invitación para que nos viéramos. Apareció ante mis ojos en pantalla, mi antigua y fogosa amante, ahora con su rostro muy marcando el paso de los años, de lentes, pelo cano, sonriendo muy contenta de volverme a verme luego de 14 años más o menos. Me dijo que me veía muy bien, aunque algo más gordo, riéndose, yo por mi parte le dije que seguía teniendo sus atributos, señalando sus pechos, causándole mucha risa.

Hablamos un buen rato, de su vida y de la mía, recordando obviamente nuestros encuentros, fogosos y clandestinos que nunca nadie jamás supo, algo que me fue calentando. Pensé como sería estar con una mujer de esa edad tan avanzada, más conociendo lo caliente que ella era en el tiempo que la conocí.

Me coloqué simultáneamente a ver videos de abuelas follando y la idea me llamaba cada vez más la atención, una nueva fantasía sexual se generó de inmediato y que mejor que ella para cumplirla. Como en los viejos tiempos, le volví a escribir, y comencé hacerle insinuaciones o bromas de doble sentido, que a ella le causaban mucha gracia, recordando que eran las mismas que le hacía antes de juntarnos para ir a follar, hasta que luego de un rato, le propuse directamente que nos juntáramos para recordar viejos tiempos.

Se largo a reír diciéndome que era un loco, pensando que era una broma. Le dije que hablaba en serio, que me gustaría volver a estar con ella, a lo que me respondió que ya no estaba para esos trotes, que ya tenía 80 años, que si la hubiese llamado unos cuantos años antes, de seguro encantada me hubiese dicho que si, pero ahora estaba vieja y fea, que no me gustaría volver a estar con ella.

Pero yo no estaba bromeando, ya me había calentado la idea de volver a follármela y seguí y seguí insistiendo, hasta que fue pensándolo. Me coloqué morboso como en nuestras conversaciones del pasado, diciéndole que si no quería follar, que solo me dejara comerle la “conchita”, cosa que la hizo reír y la descolocó, diciéndome que se acordaba mucho de mi lengua y los placeres que le había dado. Seguí insistiéndole, diciéndole como se la volvería a pasar por todos lados, recorriendo sus tetas, mientras ella me decía que no le digiera esas cosas que aun la calentaban, y yo mas seguía escribiéndole vulgaridades como en los viejos tiempos, y ella que ya se imaginaba estar nuevamente conmigo, “haciendo cosas ricas”, hasta que de tanto insistir terminó diciéndome que sí, pero que no me hiciera muchas ilusiones, que ya no era la misma de antes.

Luego de preguntarme varias veces si estaba completamente seguro de volver a juntarnos, por su edad y su físico, me dijo que no podía ser de noche, porque no tenía excusa para salir, pero que podía ser en la tarde y nos colocamos de acuerdo, ahora si dándome su teléfono celular, para concretar el encuentro.

Quedamos de juntarnos en un conocido mall de la ciudad, en los estacionamientos. Llegue a la hora a cordada, ahí estaba, vestida con un pantalón blanco y una blusa floreada, acompañada de un bastón, pelo cano, sus ojos verdes tras un rostro notablemente arrugado con lentes, ya ni siquiera se destacaban sus fabulosas tetas que tanto me gustaban, estaba mucho más delgada. Me acerque a ella a saludarla, recibiendo de su parte un cariñoso abraso junto a un beso en la mejilla. Para cualquiera que nos viese en ese momento, no pensaría en ningún momento lo que estaba a punto de pasar, solo un hijo con su madre o alguna tía de edad avanzada, no levantábamos ninguna sospecha.

La lleve a mi auto, abriéndole la puerta como todo un galán ayudándola a subir. Mientras conducía, conversábamos de cuanto tiempo que llevábamos sin vernos, ella muy conversadora como siempre, diciéndome que pensó que nunca más me volvería a ver y menos hacer esta locura a su edad.

Llegamos a un motel a las afuera de la ciudad. Igual me daba algo de vergüenza que alguien conocido me fuese ver a entrar ahí con ella. Ya en el cuarto, con la habitación pagada y dos tragos en el velador, conversamos unos pocos minutos, ella sentada sobre la cama, me acerco a ella y la comienzo a tocar, yo de pie, ella sentada. Sonreía, sintiendo mis caricias por su pelo, sus hombros, todo muy calmado.

Estaba bien para sus 80 años, se veía jovial, me aventuré a acariciar uno de sus pechos por sobre la tela de la blusa, escuchando nuevamente la frase que nunca pensó que volveríamos a estar juntos. Estiró sus manos, tocó mis piernas y me acarició la verga por sobre la tela de mi pantalón, muy suavemente, mirándome a los ojos, sonriendo. Me comenzó a bajar el cierre, yo solté mi correa, bajándome los pantalones. Apoyó su cara contra mi verga bajo la tela de mi ropa interior, rozándola con su mejillas, hasta que tomó el comienzo de mi ropa y la comenzó a bajar muy lentamente, dándome pequeños besos sobre mi piel que iba apareciendo, hasta que mi verga quedó expuesta ante sus ojos. No estaba tan dura, algo morcillona. Comenzó a darle pequeños besos, todo muy suave, acariciándome las bolas con sus ahora delgadas y manchadas manos. En poco rato mi verga había alcanzado un buen tamaño y Elena con ambas manos me la tenía agarrada de la base y la pasaba por su arrugado rostro, dándole suaves besos por todos lados, con los ojos cerrados, disfrutando de sentir nuevamente un pedazo de carne solo para ella. Abrió su boca y se la metió, dándome una suave chupada, mientras yo me desabrochaba la camisa y terminaba de desnudarme.

Me acosté de espaldas en la cama, mientras mi veterana amante seguía extasiada chupándome el pene, recorriéndolo de principio a fin, metiéndolo en su boca deliciosamente. Comencé a desabrochar su blusa, mientras ella no dejaba de hacer lo suyo. Se la saque y desabroche su brasier, liberando sus tetas, antes grandes y duras, ahora largas, blandas, pero aun grandes, colgando, caídas. Se las toque con cariño, mientras ella no quería soltarme la verga.

Me la chupó un largo, largo rato, con su boca que no había perdido su sed de verga. A ratos me miraba con sus ojos verdes y rostro arrugado, sonriendo, preguntándome si le gustaba aun su boca, sin soltármela, rozándola con su cara. Le pedí que se sacara los pantalones, igual con algo de vergüenza al verse tan expuesta a esa edad, se levantó y se paró al lado de la cama, con sus tetas colgando, llegándole hasta el ombligo, se desabrocho los pantalones lentamente bajándoselos, quedando solo en calzones, algo coquetos para su edad. Estaba vieja, se notaba el paso del tiempo en su cuerpo. Su vientre antes perfecto ahora estaba algo suelto y abultado, un poco arrugado con unos diminutos rollos. Sus hermosas y gruesas piernas ahora muy sueltas manchadas. Su culo que antes era monumental, ahora caído quizás hasta más chico, pero igual me calentaba, de carnes sueltas. Los pelos de su sexo ya no eran tan abundantes, mucho menos y unos cuantos canosos. Todos sus movimientos era lentos, dejó la ropa ordenada en el sofá de la habitación, caminando completamente desnuda hacia la cama, sonriendo nerviosa, mientras yo la esperaba tocándome la verga, ansioso ya de esta dentro de ella.

Se acostó a mi lado y me dedique a chupar esas tetas que tanto me gustaban, ahora completamente sueltas, chupándole suavemente los pezones, mientras ella ronroneaba como una gatita, diciéndome lo rico que sentía . Suavemente llevé mi mano a su entre pierna, acariciándole su viejo coño, cubierto por solo unos pocos pelos, su vulva arrugada, de labios arrugados y largos, los que suavemente acaricie por un buen rato. Nos masturbamos mutuamente un buen rato, todo suave, sintiendo el contacto de nuestros cuerpo.

Me coloco sobre ella, apoyando mi peso en mis brazos, solo mi cabeza en contacto con su cuerpo. La beso en los labios juntando nuestras lenguas, mientras ella estira sus manos acariciándome la verga suavemente. Bajo hasta sus pechos, los beso una vez más y sigo bajando besando su vientre, en busca de su longevo coño. Beso sus delgadas piernas admirando su coño, seco arrugado, el que suavemente comienzo a rozar con mis labios, una y otra vez, escuchando el placer que eso le entregaba a mi senil amante. Los acaricio con mis dedos, admirándolo nuevamente después de tantos años. Le abro sus arrugados pliegues y le paso la lengua por su rosada concha, haciéndola estremecer de placer. Continuo un buen rato degustando esa vieja vagina que tanto placer me entrego en antaño y que ahora volvía hacer mía. Se la chupé un buen rato, mientras ella ronroneaba diciéndome lo exquisito que era sentir nuevamente mi lengua en esa parte de su cuerpo.

Luego me saca de ahí, y me quedo de espaldas. Se monto sobre mí, colocándome sus pechos en la cara, donde se los besé con ternura, agarrándoselos. Era grandes, exquisitos, después de tantos años nuevamente las tenía en mi cara, chupándoselas, mientras nuestros sexos ya se rozaban. Ella con su rostro arrugado disfrutaba de sentir mi boca chupándole las tetas y gemía suavemente con la boca abierta.

Agarré su culo con ambas manos sin dejar de besar sus pechos, tocándole su ano y su peludo sexo, todo muy suavemente, sin apuros, tratando de prolongar el momento antes de penetrarla, hasta que ella misma me toma la verga y la coloca en posición, enterrándosela muy lentamente, pidiéndome que no me mueva, que la dejara a ella moverse. Poco a poco mi verga comienza a entrar, ella acusaba algo de dolor, diciéndome que la tenía muy grande. Siento esa humedad tan rica en la punta y luego cada vez más, ella baja, lentamente enterrándosela, hasta que consigue metérsela por completo. Se quedó sentada sobre mi, diciéndome que se sentía plena, completamente llena de verga . Moviéndose despacio, mientras yo me deleitaba con sus pechos. Poco a poco fue tomando más confianza y termino cabalgándome deliciosamente, ya con su viejo coño lubricado, con sus ojos cerrados y su boca abierta, alanzando deliciosos gemidos. Estaba tan delgada que no me pesaba nada, la llegaba a levantar de las envestidas que le daba, recuperando a la fogosa amante de antaño. Ya culiaba como los dioses, moviéndose de adelante hacia atrás, gozando con esta verga dura, haciéndole recordar sus viejos tiempos. La dí vuelta quedando en 69 con todo su culo en mi cara, de lo devoré, mientras ella hacía lo mismo con mi verga. Luego la acosté de lado y nuevamente me la folle por detrás acariciándola por todas partes, sintiendo sus carnes blandas y manchadas por el paso de la edad, mientras ella no dejaba de gemir.

Hice todo lo que quise con su viejo cuerpo. La acosté de boca y luego de comerle el culo me monté sobre ella penetrándola nuevamente. Luego en cuatro patas, de perrito sobre la cama, viendo en el espejo al lado de la pared como sus largas tetas sueltas se movían sin control en la follada que le daban. Se las agarre y acaricie fuertemente, mientras no dejaba de darle pro detrás. Terminé de espaldas y le pedí que se sentara en mi cama. Ya no tan lentamente así lo hico, coloco su decrepito coño en mi boca, abriéndose ella misma sus largos labios vaginales dejando que se la chupara a mi antojo. Gimió como uan perra, mientars yo me deleite con su concha en mi boca, haciendo una trabajo tan bien, que luego de un buen rato, mi anciana amante alcanzo un orgasmo de esta forma.

La folle un buen rato, notando eso si que ya estaba algo cansada. Solo se abría de piernas y dejaba que yo hiciera todo el movimiento, hasta que me pidió que acabara para descansar un poco. Le pregunté como quería hacerme acabar, y sonriendo, me dijo que quería sentir mi leche en su rostro y en sus pechos, como en los viejos tiempos. Recordé como a ella no le importaba que acabara en su boca, al contrario, ella misma me lo pedía. Me coloque a su lado, dejándome la verga en su boca. Ella me la chupo con completo esmero, mientras yo jugaba con una de sus tetas, hasta que estuve listo y masturbándome afanosamente comencé a descargarme sobre su rostro, tetas y el último chorro, abrí su boca y ahí termino. Ella sin asco, con la boca abierta lo recibió gustosa y luego de tragárselo, chupó suavemente mi verga. Terminó restregándose el semen por su rostro y por su pecho, diciéndome que desde que la había contactado hacía deseado sentirse mojada por mi leche nuevamente.

Ya sin calentura, seguimos tocándonos y besándonos el cuerpo, recordando las muchas salidas que habíamos tenido. La invité que nos fuéramos a duchar, en un principio no quería por que se le mojaría el pelo, pero justo en el baño, había un gorro de baño y accedió. Nos enjabonamos mutuamente por largo rato, sin penetrarla, solo acariciándonos. Luego en la cama, traté de follármela de nuevo, pero no pudo, estaba demasiado seca y a pesar que se lo chupe harto rato, le dolía cuando se lo traba de meter. Sin embargo, acostada sobre mis piernas con la cabeza en mi verga, me la chupó un buen rato, ofreciéndome su boca para acabar. No desperdicie tan deliciosa invitación y luego de tenerla un buen rato acariciándome las bolas y chupándome con dedicación, acabé en su boca, donde ella sin ninguna repulsión, se bebió su leche hasta la última gota.

Nos llamaron al citófono, avisando que las 4 horas del motel ya habían pasado, realmente se pasaron volando. Nos comenzamos a vestir y ella se reía diciéndome que al otro día no se podría ni levantar de la cama. Como todo un caballero, como siempre, al otro día la contacte por el chat. Me decía que estaba muy adolorida, pero contenta a más no poder. Le dije que se recuperara, y que más adelante no volveríamos a juntar. Pasaron dos meses y nos volvimos a juntar. Esta vez estuvo mucho mejor que la última vez, follamos largo rato y repetimos. Un fogoso y morboso encuentro.

Pasaron varios meses y le mande algunos correos, los que nunca me contesto. Me llamó la atención y una tarde, decidí llamarla a su celular, donde me contestó su hija y me contó que su madre había fallecido hacia unas pocas semanas. . Le di las condolencias a su hija, diciéndole solo que era un amigo de hace muchos años.

Quedé impactado, me dio pena, ya que lejos de haber sido una de las mejores amantes que tuve, se creó una linda amistad y creo que la recordaré por siempre.


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